cuento infantil sobre deseos cumplidos, confianza y constancia

Lito, el arbolito

Un cuento sobre los deseos cumplidos, sobre la constancia en el día a día para conseguir tus sueños, sobre la importancia en el enfoque y la acción, la confianza. Un hermoso canto a la vida y a todas sus posibilidades de ser. Así es este cuento que empieza así…

 

Lito es un arbolito bello y frondoso que vive en un arroyo a las afueras de la ciudad. Feliz y contento, Lito sonríe cada mañana, canta con los pájaros que lo visitan cada día y da sombra a los caminantes que se paran bajo su copa.

Ahora, ssshhhh, presta atención a lo que voy a decirte. Voy a contarte un secreto. Y es que Lito, hace unos años, no era un arbolito. Era… una cuerda. ¡Oooohhh! Así es.

Lito era una cuerda que vivía en una granja cerca del arroyo. Su trabajo era atar cosas para llevarlas de un lado a otro. Lito era una cuerda fuerte y resistente y, aunque le gustaba su trabajo, sentía que no era feliz.

Un día, Lito conoció al señor Olmo, un altísimo y hermoso árbol. El señor Olmo vivía cerca del arroyo y Lito lo saludaba cada mañana cuando iba a recoger leña para la granja. Mientras buscaba la leña, Lito y el señor Olmo hablaban y reían. El señor Olmo le contaba que en el arroyo se vivía muy bien.

— En verano el arroyo nos refresca –decía el señor Olmo-. Y en primavera, las flores nos regalan su perfume.

A Lito le encantaba ver cómo se movían las ramas del señor Olmo porque parecía que bailaban. Y a Lito le gusta mucho la música y el baile. Cuando el viento soplaba fuerte, Lito se asustaba, porque parecía que las hojas se iban a caer. Pero no, el señor Olmo las tenía bien sujetas. Y Lito pensaba: me gustaría ser un árbol, como el señor Olmo, para poder bailar y refrescarme en el arroyo.

— ¿Puedo yo ser un árbol como tú, señor Olmo?- preguntó Lito.

— Es posible, amigo. Si es tu deseo, podría cumplirse –respondió el señor Olmo.

— ¿Y cómo podría hacerlo realidad?

— Pues con esfuerzo y trabajo diario, Lito, como con todas las cosas. Cuando quieres algo, tienes que desearlo y trabajar para conseguirlo.

— ¡Ahhh! –respondió Lito.

Un día, cuando iba a buscar leña, Lito se cayó del carromato sin que nadie se diese cuenta. Tan sólo el señor Olmo vio lo que ocurría. De repente, sopló un fuerte viento y las hojas caídas en el suelo ocultaron a Lito bajo ellas. Al principio Lito estaba asustado, ya casi anochecía y nunca había pasado una noche fuera de casa. Lito empezó a llorar pero, entonces, el señor Olmo le dijo:

— No llores, Lito, ven acércate a mí, que te daré cobijo y calorcito para que no pases frío. Y no tengas miedo, amigo, que no estamos solos.

Lito se secó las lágrimas y miró alrededor. Allí estaban sus amigos del arroyo, que habían acudido para hacerle compañía. Al cabo de unos minutos, Lito se quedó dormido. ¡Qué bien se sentía junto a sus amigos del arroyo!

Cada día, Lito ayudaba a sus amigos trayéndoles cosas que necesitaban. Al caer la tarde, se quedaba mirando al sol y soñaba con poder ser un árbol, como el señor Olmo. Lito cerraba los ojos e imaginaba que era un árbol, con hojas verdes que bailaban al ritmo de una bella canción. Y así se quedaba dormido.

Una noche, Lito tuvo un sueño. Soñó que una de las puntas de la cuerda se hundía en la tierra poco a poco, mientras una música sonaba de fondo. Lito sintió cómo su cuerpo comenzaba a bailar al ritmo de esa música. ¡Qué música tan bonita y melodiosa! Mientras bailaba, Lito sentía que su cuerpo empezaba a subir y subir, como si creciera hasta el cielo. ¡Y no tenía vértigo! Lito se dio cuenta que su cuerpo se había endurecido, parecía un tronco, como el del señor Olmo.

De pronto, sonaron unos tambores: ¡Porrom, porrom, porrom, porrom! Y al ritmo de estos tambores, el otro extremo de su cuerpo comenzó a deshacerse, como si fuese una trenza del pelo. Asombrado, Lito vio cómo los hilos de su cuerpo se iban transformando en ramas y de las ramas nacían hojas verdes, preciosísimas. Lito comenzó a reír y a gritar: ¡soy un árbol, yupi, soy un árbol! Y siguió durmiendo.

Los primeros rayos del sol de la mañana despertaron a Lito de su sueño. Y al despertar, Lito se llevó una gran sorpresa. ¡Se había convertido en árbol! Pero era de verdad, su sueño se había hecho realidad. Lito gritó: ¡señor Olmo, señor Olmo, soy un árbol! ¿Has visto? ¡Soy un árbol con hojas verdes! ¡Y puedo bailar, como tú!

El señor Olmo le dijo entonces a Lito:

— Lito, amigo, cuando los sueños son de verdad, siempre se cumplen. Hay que desearlo mucho, mucho y esforzarse cada día, como lo has hecho tú.

Lito, el arbolito, y el señor Olmo danzaron juntos durante todo el día. Sus risas atrajeron a todos los amigos del arroyo, que bailaron con ellos felices y contentos.

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