La hormigarra, mitad hormiga, mitad cigarra

La hormigarra, mitad hormiga, mitad cigarra

Hace varias semanas que mi peque arrastra consigo un libro de cuentos que lo tiene fascinado. Son tres historias pero la que más le llama la atención es la de La cigarra y la hormiga. Todo un clásico: el trabajo y el esfuerzo diario frente al disfrute y el descanso sin reservas.

¿Eh té?’, pregunta mi peque apuntando con su dedo índice sobre una imagen del libro. ‘Es una hormiga, cariño –respondo yo- que está recogiendo granos del campo para llevarlos al hormiguero y almacenarlos para cuando llegue el invierno’. Sobre una misma página le voy contando la historia más o menos como a mí me parece. Le explico que las hormigas dedican el verano a recoger alimentos para guardarlos en su hormiguero y que hacen esto porque durante el invierno no pueden salir debido al frío, la lluvia y la nieve.

¿Eh té?’, vuelve a preguntar mi peque señalando esta vez hacia una colorida imagen. ‘Es una cigarra, cariño –respondo- que está cantando su canción para que los demás disfruten’. Le explico que a las cigarras les encanta cantar, especialmente en las noches de verano.

El cuento cuenta que la cigarra se mofa de las hormigas porque están todo el día trabajando en lugar de disfrutar del buen tiempo veraniego; las hormigas no le hacen ni caso y continúan haciendo lo que tienen que hacer aunque, eso sí, animan a la cigarra para que sea precavida y haga como ellas. Y llega el invierno… ¿Qué sucede? Pues que la cigarra se encuentra sin nada que llevarse a la boca. Entonces recuerda a las hormigas y acude en su busca para que se apiaden de ella. La versión del cuento que arrastra mi peque es muy condescendiente. Las hormigas se apiadan y la acogen en su hormiguero, compartiendo con ella su alimento a cambio de que la cigarra les cante canciones. Sin embargo he leído otras versiones del cuento más dramáticas.

Hormiga o cigarra, esa no es la cuestión. No se trata de elegir entre el trabajo y el esfuerzo diario o el descanso y disfrute. Y mucho menos el castigo por no cumplir las expectativas de otros. Para mí la solución es clara: la hormigarra, mitad hormiga y mitad cigarra. Trabajar y descansar, esfuerzo y disfrute, en un vaivén de armonía que nos llene de felicidad. Porque todo es necesario. La hormiga y la cigarra del cuento hacen lo que tienen que hacer en esa época del año en la que se desarrolla la historia: unas trabajan para sobrevivir durante el resto del año y otras cantan abiertamente aprovechando el buen tiempo y el público gratuito. ¿Quién sabe lo que hacen las hormigas durante el invierno? Tal vez se lo pasan de fiesta en fiesta en su hormiguero, comiendo y disfrutando sus ricos manjares resguardadas del frío, la lluvia y el viento. ¿Y la cigarra? ¿En verdad morirá de hambre y frío? Estoy segura que, llegado el invierno, sabrá dónde resguardarse y de qué alimentarse. La Naturaleza es sabia y cuida de nosotros en cualquier época del año.

Sea como sea, le explico a mi peque que en la vida hay que ser hormiga y cigarra: hay un tiempo para el trabajo y otro para el disfrute y el descanso. También le hablo de los ritmos de cada uno y de que hay que respetarlos, porque cada cual sabe lo que hace, cuándo, cómo y por qué. Se lo digo a mi peque y me lo digo a mí, que a veces me siento demasiado hormiga…

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