hada

El Hada de Pelo de Luz de Noche

Cuento y emociones: aceptar la diferencia. ¿De qué va este cuento infantil? Un cuento de hadas en el que no hay príncipes ni princesas pero sí deseos y sueños que se cumplen cuando nacen del corazón. ¿Lo imposible no puede realizarse? Solo es cuestión de tiempo y de querer. De todo esto trata este cuento que empieza así…

 

Érase que se era, a las afueras de la ciudad de Mahín, un frondoso y hermoso bosque lleno de ríos y cascadas. En ese bosque, en una pradera llena de flores de mil colores vivían las hadas de Mahín y, entre ellas, el Hada de Pelo de Luz de Noche.

Cada día, el hada recorría el bosque para compartir su alegría de vivir y su risa, que contagiaba a todo el mundo. Porque a ella le encantaba reírse y también volar.

Un día, el Hada de Pelo de Luz de Noche se tumbó junto a un álamo para descansar y echar un sueñecito. Al cabo de un rato, el hada notó que tenía la cara mojada. ¡Era agua! Miró al álamo y le dijo:

— Álamo, ¿qué estás haciendo, por qué me mojas?

— Porque hace calor y así estarás más fresquita –respondió.

— Aaahh, muchas gracias.

A partir de entonces, el hada visitaba con frecuenta al álamo y en poco tiempo se hicieron muy buenos amigos. Ella quería saber cómo se sentía él todo el día pegado al suelo, sin poder moverse. Y el álamo también tenía curiosidad por saber qué era volar y tener alas. Y así, cada día, el hada y el álamo charlaban y charlaban y se contaban sus cosas, lo que les gustaba y lo que no, cómo se sentían, qué hacían durante el día.

— Álamo, ¿no te aburres de estar siempre en el mismo sitio? -preguntó el hada- ¿No tienes curiosidad por conocer otros lugares?

— A veces sí. Pero mis amigos, los pájaros y las ardillas, vienen cada día y me cuentan las historias del bosque. Así estoy muy entretenido. Y tú, hada, ¿no te cansas de estar siempre volando, de aquí para allá?

— Me gusta volar -respondió el hada-, pero es cierto que al verte ahí, junto al río, me entran ganas de vivir en la tierra, como tú.

Otro día, el hada preguntó al álamo:

— Álamo, ¿tú que comes?

— Tierra, agua, sol y aire, como todos los árboles. Yo sé que las hadas comen rayos de luna y estrellas, ¿a qué saben, amiga?

— Mmmm…, están deliciosos, dulces y calentitos. ¡Te encantarían!

Una tarde, el álamo y el hada observaban divertidos a una familia que pasaba por la zona. Eran dos adultos y tres niños. ¡Y un perro! Los niños corrían y reían persiguiendo mariposas, se bañaron en el río junto a su perro y comieron algo que olía de maravilla. Un bizcocho, oyeron decir. Mientras, los adultos se abrazaban y miraban con ternura jugar a sus hijos.

Cuando esta familia se fue, el hada y el árbol se miraron fijamente y se dieron cuenta que sus corazones latían muy rápido. ¡Se habían enamorado! El Hada de Pelo de Luz de Noche se asustó, porque ella sabía que las hadas no podían enamorarse de un árbol, era imposible. El álamo intentó convencerla, pero el hada se asustó tanto, tanto, que se marchó a su pradera.

El álamo, entonces, empezó a llorar porque se sentía muy triste. El Hada de Pelo de Luz de Noche lo escuchaba desde la pradera, pero no quería ir a verlo. Por fin, un día, se atrevió. Cruzó el bosque y fue junto a su amigo, porque quería decirle algo.

-– Álamo, yo te quiero mucho, pero un hada y un álamo no pueden formar una familia, somos muy diferentes.

-– Y eso, ¿qué importa? ¿Acaso no eres feliz estando a mi lado? Yo sí, hada. ¿Por qué no podemos estar juntos si ambos queremos?

El hada se quedó en silencio unos minutos y luego añadió:

– El Hada Madre de mi aldea me ha dado una solución. Dice que si pasamos la noche de Luna llena deseando un mismo deseo podremos estar juntos, pero no seremos un hada y un árbol, sino una mujer y un hombre. ¿Quieres probar?

–¡Claro que sí! -afirmó el álamo.

En la noche de Luna llena, el hada y el álamo desearon un mismo deseo y soñaron juntos durante toda la noche. Al despertar comprobaron que tenían dos manos, dos piernas, un cuerpo; y el hada no tenía alas y era también más alta. ¡Se habían convertido en un hombre y una mujer!

Los dos se abrazaron y comenzaron a saltar y reír de alegría. Miraban sus manos, sus piernas, su cabeza y les parecía increíble.

– ¿Vamos a la ciudad? -preguntó el hada.

– ¡Vamos! -respondió contundente el álamo.

Caminaron lentamente por las calles, observando todo y escuchando los sonidos de la ciudad. Al cabo de unas horas seguían maravillados por todo lo que veían. El hada se quedó embobada unos instantes al ver a unos niños jugar en el parque.

– ¿Qué te pasa, hada? -preguntó el álamo.

– Pienso en cuántas hadas y cuántos álamos nos habremos cruzado hoy en esta ciudad –respondió-. ¿Seremos los únicos?

– ¿Ves aquella mujer vestida de azul? -dijo el álamo.

– Sí. ¿Qué le pasa? –dijo el hada.

– ¿Ves esa especie de rastro de polvo iluminado que deja tras ella? Pues es igual que el que dejas tú. Así que creo que sí, que no estamos solos -afirmó el álamo.

El hada suspiró y sonrió feliz al sentirse acompañada en esta nueva aventura. ¡Había muchos rastros de polvo iluminado a su alrededor! Así que:

Si un rastro iluminado

ves a tu lado pasar

ten por seguro

que junto a un hada estás.

 

1 comentario en “El Hada de Pelo de Luz de Noche”

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