Y ahora… ¿qué?

Y ahora… ¿qué?
13 julio, 2015 Mercedes

Eso mismo dije yo: ¿y ahora qué? ¿Por dónde empiezo? Mi cabeza albergaba varias ideas de proyectos que podía poner en marcha. La euforia del momento me hacía capaz de crear cualquier cosa. Toda idea que asomaba por mi mente me parecía interesante, posible y una buena opción. Así que imaginad mi cacao. Tan sólo había una cosa que tenía claro: quería escribir.

Si, una de mis pasiones es esa, escribir. Lo he hecho desde pequeña, aunque siempre para mí. Maté el gusanillo con el periodismo, mi profesión ‘oficial’ durante trece años, pero no es lo mismo. Mi apartamento estaba lleno de libretas y hojas escritas con historias hilvanadas y sin terminar, todas haciéndose a la par. Y necesitaba tiempo para poder rematarlas y publicarlas, aunque aún no sabía cómo hacerlo.

En cuanto a lo del periodismo estaba tan quemada y tan desilusionada que no quería oír hablar de ello. Necesitaba apartarme, cerrar esa puerta, olvidarme de la profesión y comenzar una nueva etapa diferente, acorde a como me sentía en aquel momento.

Después de hablar con mi jefa me quedaban quince días para terminar los trabajos que tenía emprendidos y cerrar el chiringuito. Bueno, y comunicar a mis compañeros, familia y amigos mi decisión. Porque nadie sabía nada. No quise interferencias como otras veces. Mi familia se lo tomó bien, incluso me animaron. De entre los compañeros y amigos obtuve reacciones diversas: algunos coincidieron con mi familia; otros se lo tomaron más o menos bien, aunque no me entendían; y alguno que otro dejó de hablarme pasadas unas semanas hasta desaparecer por completo de mi círculo. En fin, así es la vida.

Lo cierto es que esos días andaba yo como muy subida, como si fuese una heroína que acababa de realizar una proeza magistral, valerosa, única. Sin embargo –y afortunadamente- los humos fueron bajando con el paso de los días al descubrir que no era la única que había optado por dejarlo todo y empezar de nuevo. Cada día conocía a alguien que había hecho lo mismo. ¡Y algunas varias veces en su vida! Y yo que me creía especial… ¡Ay mi ego! Bajados los humos intenté poner los pies en la tierra pero me resultaba difícil porque… ¿os había contado ya que estaba inmersa en un enamoramiento de caballo? Pues eso, difícil sujetar mis alados pies.

Mi último día en la empresa llegó antes de lo que imaginaba. Me sentía tranquila, relajada y nerviosa al mismo tiempo aunque segura de lo que hacía y confiada en que todo saldría bien. Esa mañana llegué a la hora de siempre acompañada por un bizcocho que había preparado yo misma la tarde antes. Quería dejar un buen sabor de boca antes de irme así que a la hora del ángelus cité a todos mis compañeros para compartir ese delicioso manjar y darles las gracias por todos los momentos vividos y todo lo que había aprendido con ellos. Era lo único que me salía del corazón, mucho agradecimiento y mucha felicidad. Nadie dijo nada. Eso sí, del bizcocho no quedaron ni las migas. Aunque llegué a mi hora me fui antes de las tres. No me quedaba nada más por hacer así que ¡bye, bye!

 

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies